De mis latidos naces vos,
alegoría bendita de la creación.
Arraigan consigo el vaivén impreciso,
el trote desmesurado,
la cadena temporal que nos ata a la existencia,
el permanecer,
el yo, aquí y ahora,
en el mundo.
De mis latidos naces vos;
pausada, profunda y rasgada.
El teatro de la vida no podría ser otro que el de tu andar,
sutil, volátil a cada paso.
Cómo poder expresar con vanas palabras
el universo de tus caricias,
de tu presencia,
de tu poesía.
Cómo poder explicar que tú,
con cada respiración que haces estando a mí lado,
has salvado a más vidas que a los gatos.
Me has dado más alas que a todos los pájaros
que mis mortales ojos han podido ver jamás.
Cómo poder explicar que de mis latidos naces vos,
y que yo, desfallezco de imaginarme solamente que te vas de aquí,
a alegrarle la vida a otro,
a amenizársela de tal manera que respirar tenga sentido;
que el latir encuentre dueño;
que el madrugar ya no sea tortuoso,
si no un simple susurro al amanecer,
clamando los eufóricos pájaros
que es un nuevo día,
y que es hora de ponerse trabajar.
¿En qué?
En seguir plasmando los sueños que tu me das,
que son tan míos como tuyos,
que son el reflejo de un corazón vivo,
de unas manos que no están cansadas
de labrar la metafórica tierra que construye mi...
Mi casa, mi vida, mi yo,
mi porvenir.

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